
Otro once fatal nos encontrará sofocándonos de sonrisas arrogantes, de felicidades extrañas, de la angustiosa sensación de la pérdida. Desde mañana dejaré de respirar pensando en que lo que viene puede ser mejor.
En estas décadas de Concertación, la alegría prometida no llegó como la esperábamos. La alegría fue somera, de chorritos interrumpidos. Como bien lo diría Lagos, en la medida de lo posible, lo posible fue lo mínimo.
Mañana se acaba el sueño en que caímos después de la despierta y oscura dictadura. El sueño que pensamos estaría hecho de cada uno de los colores del arco iris, del
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